9/19/2014

Escuela de BDSM de Domina Zara

Escuela de BDSM de Domina Zara Experiencia sadomasoquista - BDSM - desde: 1.983. -Información, asesoramiento,

Sesiones privadas y asesoramiento con Dómina Zara. para parejas que deseen descubrir o ampliar el tema BDSM con equilibrio y orden.

 Clases de dominación impartidas por Dómina Zara a Amas, Dominas, tanto a nivel profesional como privado   que desean iniciarse en el arte de la dominación.

Sesiones privadas y asesoramiento para sumisos, esclavos, transformismo...

Alquiler privado de salas BDSM, mazmorra en alquiler a horas convenidas.

Para mas información escribir un e-mail:
escueladebdsmdedominazara@gmail.com

Llamar al teléfono móvil: +34 631700446 - No se contestan teléfonos ocultos ni se responde a mensajes, solo llamadas.


3/06/2014

En el BDSM la obsesión y la dependencia nos desequilibran.

BDSM, Hay quien entiende el sadomasoquismo como la brutalidad aplicada sobre un ser indefenso. El S/M, BDSM, D/s, es mucho más rico y creativo, no tiene porque ser brutal ni destructivo.


Some people consider sadomasochism as brutality exerted towards a helpless being.


S/M, BDSM,D/s is much deeper and creative than that, and it doesn't have to be brutal or destructive.

Dómina Zara 

4/24/2012

"Vida por José Hierro"

"Vida"

Después de todo, todo ha sido nada,
a pesar de que un día lo fue todo.
Después de nada, o después de todo
supe que todo no era más que nada.

Grito «¡Todo!», y el eco dice «¡Nada!».
Grito «¡Nada!», y el eco dice «¡Todo!».
Ahora sé que la nada lo era todo,
y todo era ceniza de la nada.

No queda nada de lo que fue nada.
(Era ilusión lo que creía todo
y que, en definitiva, era la nada.)

Qué más da que la nada fuera nada
si más nada será, después de todo,
después de tanto todo para nada.

José Hierro

10/30/2011

Behind The Mask: Abrimos la trastienda (I-bis): El rebenque por Shura

Behind The Mask: Abrimos la trastienda (I-bis): El rebenqueAbrimos la trastienda (I-bis): El rebenque


Espero que recordéis el artículo que escribí hace ya algunos días sobre el rebenque. En él dediqué el último párrafo a dar una serie de apreciaciones personales sobre dicho objeto. Hoy, al fin, después de introducirme algo más en su esfera -¡y de qué modo!-, matizaré la opinión que di aquel día.
Ante todo confirmaré que, efectivamente, el Fetish Café... ¡cuenta con rebenques! En concreto cinco: dos rebenques comunes de cuero, dos arreadores y un lagarto, si no voy mal encaminada.

Foto extraída de www.mundofetish.com (Flechas añadidas por mí)
El método más directo para verificar si una impresión es correcta o no es, simple y llanamente, probarla. Y a ello me dispuse una tarde de jueves en el Fetish Café. Salí corriendo -no literalmente, claro- hacia la zona del trono, pues como todos sabéis allí se encuentra gran parte del material de spanking, cogí el rebenque y se lo llevé a Mi Señora. “¡Ah, el rebenque!”, fue lo que exclamó sonriendo. Ahí me pilló con el paso cambiado: se me había anticipado, ya que el objetivo inicial, más que dar pie al juego, que seguramente no me habría salido mejor ni ensayándolo, consistía en saber si aquel objeto que yo suponía un rebenque era realmente un rebenque. En seguida me explicó que éste y los otros se los habían traído de Argentina y me ofreció probarlo. De nuevo iba un paso por delante y contesté con una afirmación demasiado vacilante para un sumiso. "A fe de Déu!", como dicen los catalanes, que el aspecto de ser algo "blando" era pura fachada. O eso o Mi Señora daba muy fuerte -me confirmó después que no era el caso diciendo, y cito textualmente, “¿Qué esperabas, si es para arrear a las vacas? Es como un cinturón.”
Le comenté que había empezado una sección en el blog para tratar los utensilios de BDSM y, encantada, puso a mi disposición el arsenal del Fetish Café. Sólo me queda añadir que, con el beneplácito de Mi Señora Dómina Zara -y su colaboración, faltaría más- os mostraré el material del club.

El taller de protocolo de Dómina Zara por Shura 2011

El taller de protocolo de Dómina Zara

Emocionada. No, no es suficiente preciso. Mmmm... Nerviosa. Tampoco. Ais... Creo que mi estado de ánimo ese día era más bien una mezcla de emoción, nerviosismo y curiosidad. Mucha curiosidad. Ignoraré los detalles de mi llegada al Fetish Café, pero mencionaré que tuve el placer de saludar a la mayoría de los asistentes al taller “dejándome caer” por el restaurante donde comían. Me complació ver a gente conocida y me hubiera agradado quedarme un rato con ellos, pero Mi Señora me pidió que preparase todo mientras ellos terminaban. Accedí de grat, que no per força, y dispuse cuanto pude. Encontrarme a barbablanca{DZ} en la puerta, cuya presencia seguro sorprendió a la Señora, amenizó la espera.


Saludos y copas de rigor y un sitio donde sentarse fue todo lo necesario para dar inicio al Taller de protocolo.
Tras una breve captatio benevolentiae a modo de introducción, donde Mi Señora destacó sus blancas vestiduras, me hizo poner de rodillas con las manos tendidas hacia delante y de una bolsa sacó una de sus toallas y una esponja de crin, que puso sobre mis manos. “Es un regalo”, me dijo, y me ordenó ducharme, fregándome a conciencia con la esponja de crin -especialmente en las piernas- y salir con unos slips blancos y una toalla por encima. “barbablanca, acompáñala y dale en la espalda.” Ambos nos dirigimos al baño y yo procedí a lo que me mandó Mi Señora. Me desnudé y, mientras me duchaba, especulaba con barbablanca{DZ} sobre las intenciones de Mi Señora.


Limpia y seca y, por qué no decirlo, hostigada por la impaciencia de Mi Señora, salí -descalza- y me personé a la revista. Fusta en mano y de blanco, Mi Señora me ordenó quitarme la toalla, cosa que agradecí enormemente en mi interior puesto que se me resbalaba y ya no sabía como sujetarla. La deposité en el suelo, donde me indicó con un gesto, y sobre ella esperé el inicio de su instrucción de protocolo. “¿Esa es forma de esperar?” “Tiene razón, Señora.” Coloqué las manos a la espalda. “No. Las manos a los lados, con el dorso visible. Y las piernas separadas. Más abiertas. Más. ¿Ves? Así te tengo a mi entera disposición.”


“Orden dada, respuesta dada, orden ejecutada.” Esa es la norma básica que rige el comportamiento que todo sumiso que se precie -o, como mínimo, se considere como tal- debe conocer y poner en práctica. Para ejemplificar su puesta en escena, Mi Señora ordenó a barbablanca{DZ} se pusiera de rodillas (orden dada), a lo que él respondió “Sí, Mi Señora” (respuesta dada) y se puso de rodillas (orden ejecutada). Acto seguido llego mi turno, cual Ifigenia señalada por la diosa Artemisa -si alguien se pierde en las referencias y comparaciones que no desespere, yo se lo explicaré-. “De rodillas.” Me arrodillé. “Mal. Levántate.” “Sí, Señora.” Y la fusta espetó sobre mi trasero, recordándome que no era eso lo que esperaba. “De nuevo: shura, de rodillas.” “Sí, Mi Señora.” Ahora sí lo había logrado. “Posición de castigo sin atar.” ¿Posición de castigo sin atar? Mi perplejidad era fácilmente observable y Mi Señora me indicó como debía realizar la posición que me mandaba. Asentí. “Posición de castigo sin atar”, repitió. De rodillas, llevé las manos a la nuca, uniéndolas, manteniendo los codos alineados con las orejas y los hombros y sacando pecho al tiempo que retiraba hacia atrás la cabeza. “Bien.” Explicó entonces la finalidad de esa posición, que resumiré a los lectores.


En la posición de castigo sin atar, el sumiso ofrece al dominante el pecho y el vientre. Echar la cabeza para atrás evita que en el momento del juego sea dañado el rostro del sumiso. También deja libres la zona de la espalda y la zona costal.


“A cuatro patas.” “Sí, Mi Señora.” Empezaba a deshacer la postura anterior y, cuando coloqué las manos en el suelo sonó “¿Quién te ha dado permiso para poner las manos en el suelo?” ¿Cómo? ¿Acaso pretendía que me pusiera a cuatro patas sin apoyar las manos en el suelo? A ver, no es complicado, pero sí incómodo y requiere de un notable esfuerzo de la zona lumbar y abdominal. No pude evitar mirarla y rápidamente recuperé la posición de castigo sin atar. “Otra vez: a cuatro patas.” “Sí, Mi Señora. ¿Puedo apoyar las manos en el suelo?” “Sí.” Y me puse a cuatro patas. Halló numerosos fallos en ella y no se privó de corregirme. Pondré, no obstante, la posición que me mostró angzalais -permiso previo de Mi Señora- sobre “la imagen que ella busca cuando te toca así en la espalda” en un descanso posterior al taller.

Las manos y las rodillas permanecen apoyadas en el suelo. Los pies, alineados con las rodillas, y las manos, a la altura de los hombros y alineadas también con las rodillas. Los hombros, rectos; la cabeza, baja, y la espalda, arqueada, con lo que el culo queda, en pompa, expuesto.


¡Ni qué decir que mi postura quedaba lejos de la que me enseñó amablemente angzalais -y de la que tomé buena nota y voy aplicando! Pese a todo, la Señora siguió con el taller describiendo la variedad de usos que se le puede dar a la postura de a cuatro patas, sentándose sobre mi lomo y apoyando las piernas sobre mis hombros. Desmontó enseguida -¡lástima!. Para concluir, me ordenó volver a la posición de rodillas y, finalmente, a la posición inicial de espera.


Después de responder algunas preguntas, satisfecha -a mi parecer-, comentó que aquella semana se le había ocurrido una maldad. Puso la toalla que previamente yo había recogido del suelo sobre la camilla. “Túmbate.” “Sí, Mi Señora.” Empezó a armar una epilady mientras explicaba la orden concreta que me había dado el día anterior -y a la que me he referido en este mismo blog-: afeitarme las piernas. ¿Esa era la sorpresa? “No puede ser”, pensé. “No puede ser.” Me entró la risa. “¡Si no he usado una epilady desde que se la cogí, hace años, a mi madre y la deseché porque la carga el diablo!” Sin embargo no dolió. No dolió hasta que pasó al muslo, claro está, momento en que mi cuerpo se estremeció. Eso sí, no podía parar de reírme. Habiendo terminado la depilación simbólica de mis piernas -humillante desde mi punto de vista, pues resaltó delante de todos un defecto corporal, pero también simpático porque no fue hecho con mala intención y sirvió muy a mi provecho-, Mi Señora me entregó la epilady como si se tratara de la espada otorgada a un caballero en el instante de ser ordenado. “Es tuya. De ahora en adelante quiero que la uses, junto al guante de crin.” Le agradecí el gesto diciéndole que no tenía por qué haberse molestado y le prometí usar el artefacto -inquisitorial (vamos, que ni al mismísimo Torquemada se le hubiera ocurrido un invento de tortura de este calibre)- que me ofrecía -casi- a diario.


Se inició seguidamente un turno de preguntas donde la participación fue abundante y en el que tratamos de resolver dudas y satisfacer curiosidades.


Creía que ya el pescado estaría vendido, pero Mi Señora todavía se guardaba un as en la manga. Sacó el contrato que hace meses me mandó redactar y de cuya existencia -salvo la Señora, sandman{DZ} y yo misma- nadie sabía nada -o al menos así se me aseguró. Hízome contar la historia del contrato: como busqué información sobre él en webs, como abrí un hilo en Someteme sobre el tema y como, pareciéndome vacíos y no aptos para el propósito, deseché los modelos que encontraba. Lo leí, petición expresa de Mi Señora, en voz alta y procedimos a su firma sobre la espalda de barbablanca{DZ} y su quema simbólica.
Ese momento gustó mucho. Muchísimo. Tanto, que incluso algunos de los asistentes dejaron caer sus lágrimas. Aplaudieron y nos felicitaron a ambas.


Fue la guinda del pastel, sin duda, y el momento que marcó las despedidas y el término de la tarde del taller de protocolo.

Seguro que olvido muchas cosas, pero las iré poniendo a medida que me acuerde de ellas. Podéis encontrar la crónica oficial del taller en la propia página de Someteme de la pluma de la Señora angzalais.


Behind The Mask: El taller de protocolo de Dómina Zara